En cuanto se quedaron a solas, Maya se lanzó hacia Thiago. Terminó sentada a horcajadas sobre él, con la mejilla apoyada en su pecho y los brazos alrededor de su cintura.
—Gracias —dijo, y lo repitió una y otra vez durante un largo rato.
Una vez que los papeles de adopción se formalizaran, ya no tendría que preocuparse por Byron ni vivir con el miedo de que intentara arrebatarle a su hijo.
Confiaba en que Thiago jamás la pondría en una situación semejante. ¡Diablos! Él acababa de pagar lo que p