Hace tiempo que Thiago no encontraba ninguna emoción en volar, ni siquiera cuando lo hacía para irse de vacaciones. Pero en ese momento no podía dejar de sonreír al ver a su esposa contemplar el interior del jet con admiración mientras le daba un recorrido al pequeño Zak, que iba sujeto de su mano. De vez en cuando se soltaba para asomarse por las ventanillas y señalar los aviones que esperaban en la pista.
Ver el mundo a través de sus ojos le permitió compartir su asombro. Había crecido rodead