Maya entró en la habitación, empujando la puerta con cuidado por si Zak estaba justo detrás. Y lo estaba.
—¡Mamá! —exclamó él apenas la vio.
La sonrisa que le dedicó hizo que, como siempre, todo lo demás dejara de importar.
—Cariño.
Su hijo corrió hacia ella y la abrazó por las piernas. Soltó una carcajada mientras se aferraba con fuerza, como si no acabara de verla hacía apenas unos minutos. Había pasado a verlo antes de preparar el desayuno de Thiago.
Maya le devolvió el abrazo como pudo debi