Unos minutos antes del estallido...
Enfilé mis pasos por los pasillos de la iglesia hasta llegar a la entrada del altar, ahí me esperaban los guardaespaldas de Franchesco.
Al mirarme, abrieron las grandes puertas y como si fueran perritos condicionados todos se levantaron y dieron la vuelta, para ver la entrada de la novia.
Ante mí se encontraba la crema innata de la camorra de Ventimiglia, cuál de todos eb sus mejores vestimentas colmaban la iglesia hasta el fondo, una risita salió de mí y co