Eran posiblemente las tres de la tarde cuando di mis primeros pasos y me situé en la acera, no tenía ni la menor idea de dónde estaba, solo me acompañaban los latidos de mi corazón y mi respiración que era lo único que me recordaba que todavía seguía viviendo.
— ¿Sabe cómo puedo llegar a la estación de tren? — Pregunté al hombre que continuaba observándome atónito, sin embargo, este a través de señas me hizo comprender que no hablaba mi idioma
!Maldición, estoy perdida aquí nadie habla mi idi