Atreverme a decirle que tenía una objeción, fue un acto mayor de valentía, me miró con ira, yo intenté mantener mi postura de tranquilidad, aunque en el fondo me estuviera muriendo, hasta que finalmente habló:
— ¿Qué? Habla rápido — Me dijo siempre molesto
— Lucrecia deberá estar conmigo — respondí de prisa
— No creo que eso suceda ahora — Señaló con una sonrisa maliciosa que me alertó y mi instinto no se pudo resistir a reclamar
— Lucrecia no tiene culpa, ni siquiera es mi familia — Aclaré mol