— Era tan fácil darme un plazo para pagarte esa deuda y no volver a saber de mí nunca en la vida, Eduardo — Alegué nerviosa, con mi voz baja, intentando convencerlo de que renunciara a esa estupidez
— Páter, dónde está Páter — dijo ignorando lo que dije como si no lo hubiese escuchado
— Salió — contesté incapaz de decirle que le había pedido algo de comer y hasta en ese momento respondió a lo que dije
— No voy a dejarte el camino tan fácil, de una u otra forma tienes que pagar lo que tu padre m