El despertador sonó más temprano de lo que me habría gustado, pero no lo apagué de inmediato. Me quedé mirando el techo unos segundos, con esa sensación extraña de no reconocer del todo el lugar en el que estaba, hasta que recordé.
Me levanté despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera hacer que todo esto se sintiera aún más real de lo que ya era, y me preparé en silencio, sin música, sin distracciones, solo el sonido de mis propios pasos llenando el espacio. No era tristeza lo que se