(Adrián)
No pensé, no dudé, no intenté calmarme antes de ir; simplemente conduje hasta la casa con una presión en el pecho que no dejaba espacio para nada más que esa necesidad urgente de respuestas. Cada palabra del padre de Clara seguía repitiéndose en mi cabeza, cada imagen de ella llorando, destrozada, encajando en algo que no lograba entender del todo, pero que sabía, con una certeza incómoda, que no había ocurrido por sí sola.
Entré sin anunciarme, sin detenerme a considerar nada, y la en