(Adrián)
Siempre pensé que mi vida ya estaba escrita.
No como una historia bonita, sino como un acuerdo silencioso que nadie me explicó, pero que todos esperaban que cumpliera. Crecí en una casa llena de gente y, aun así, aprendí muy pronto lo que era estar solo, porque la compañía no significa nada cuando no hay afecto, y el apellido pesa más que cualquier emoción.
No siempre fui así.
Hubo un tiempo en el que reía sin pensar demasiado, en el que hacía lo que quería sin medir consecuencias,