Llegué demasiado temprano al trabajo, tanto que tuve tiempo de sobra para dar vueltas frente al edificio como si fuera a escapar en cualquier momento, pero al final respiré hondo y entré, recordándome que era mi primer día y que, con un poco de suerte, no haría el ridículo antes del mediodía.
El lugar era impecable, todo brillaba y todo estaba perfectamente en su sitio, como si nada se saliera jamás de control ahí dentro.
Y todos parecían saber exactamente lo que hacían, lo cual ya me hacía s