Capítulo 54

Pasaron varios días desde aquella visita a la mansión y, aunque en teoría mi vida seguía avanzando, todo se sentía como si estuviera en pausa esperando algo más grande. Adrián empezó a escribirme todos los días, sin falta, con una constancia casi admirable y un estilo… cuestionable.

“¿Cómo estás?”

“¿Cómo se siente el bebé?”

“Recuerda comer bien.”

Yo miraba los mensajes, suspiraba y respondía con la misma emoción con la que alguien confirma una cita médica.

“Bien.”

“Normal.”

“Sí.”

No era persona
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