Capítulo 42
El revólver seguía apuntando directamente al pecho de Adrián mientras la tensión llenaba cada rincón de la oficina. Mi padre estaba de pie frente al enorme escritorio de madera oscura con el cuerpo rígido y la respiración pesada, como si toda la rabia que llevaba dentro hubiera tomado forma en ese momento. Sus manos, curtidas por años de trabajo, sostenían el arma con una firmeza que me helaba la sangre, y sus ojos estaban clavados en Adrián con una intensidad que hacía imposible apartar la mira
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