Mi padre no dijo nada más.
Durante unos segundos pensé que tal vez mis palabras habían logrado atravesar la furia que lo consumía, que el revólver en su mano era solo una reacción momentánea al shock y que en cualquier momento lo dejaría sobre la mesa.
Pero no lo hizo.
Su pecho subía y bajaba con respiraciones profundas, su mandíbula estaba tan tensa que parecía de piedra y sus ojos no dejaban de mirarme como si intentara entender en qué momento su mundo se había quebrado.
Y entonces se gir