Capítulo 14

—Quizás porque normalmente lo es.

—Entonces supongo que usted es demasiado rico como para bañarse en piscinas de hotel —le dije, apoyando los brazos en el borde mientras lo miraba con una media sonrisa.

Adrián giró ligeramente la cabeza hacia el agua, observándola como si estuviera evaluando un informe financiero.

—No es un tema de riqueza —respondió con calma—. Es un tema de… estadísticas.

Fruncí el ceño.

—Eso suena preocupante.

—Lo es.

Se incorporó un poco en la tumbona y señaló la piscina con un gesto tranquilo.

—Diversos estudios estiman que una piscina pública promedio puede contener entre treinta y setenta y cinco mililitros de orina por cada bañista.

Lo miré horrorizada.

—Está bromeando.

—No.

—¿Eso significa que…?

—Que si hay unas cincuenta personas usando una piscina durante el día —continuó con total serenidad— podríamos estar hablando de varios litros de orina diluida circulando tranquilamente en el agua.

Me quedé completamente inmóvil en la piscina.

—Adrián.

—Sí.

—Estoy dentro de esa piscina.

Él levantó apenas una ceja.

—Lo había notado.

Lo miré con absoluta traición.

—Acabo de arrepentirme de cada segundo de felicidad que tuve aquí.

Adrián volvió a ponerse las gafas de sol.

—Por eso no nado en piscinas de hotel.

—¡Podía haberme dicho eso antes! —protesté.

—Usted parecía estar disfrutándolo demasiado como para interrumpirla.

Lo miré unos segundos.

Luego suspiré.

—Bueno —dije finalmente, hundiéndome un poco más en el agua—. Supongo que ya es demasiado tarde para preocuparme ahora.

Adrián soltó otra pequeña risa.

—Exactamente.

Seguimos conversando así durante varios minutos.

Salí de la piscina después de unos minutos más, tomé una toalla de una de las sillas cercanas y me senté en la tumbona junto a él con una piña colada que había pedido al bar de la piscina. El contraste entre el frío de la bebida y el calor del sol se sentía perfecto, así que le di un sorbo largo mientras intentaba fingir que todo entre nosotros era completamente normal.

Adrián dejó su teléfono a un lado y me miró.

—¿Tiene un vestido de gala para la fiesta de mañana?

Casi me atraganto.

Negué rápidamente con la cabeza mientras todavía tenía la boca llena de piña colada.

Él suspiró como si aquello confirmara una sospecha que ya tenía.

Sin decir mucho más, sacó su billetera, deslizó una tarjeta negra entre sus dedos y me la extendió.

—Cómprese algo adecuado.

Me quedé mirando la tarjeta, luego lo miré a él, luego otra vez la tarjeta.

En teoría hablaba inglés perfectamente. En teoría podía moverme por la ciudad. Pero una cosa era pedir comida o tomar un taxi, y otra muy distinta era ir sola de compras en un país extranjero donde no conocía absolutamente nada.

Debí quedarme mirándolo más tiempo del normal, porque frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué me mira así? —preguntó.

Bebí otro sorbo de mi piña colada antes de responder.

—Porque no tengo idea de qué comprar.

Él levantó una ceja.

—Un vestido.

—Sí, pero… uno apropiado para una fiesta en el yate de un multimillonario misterioso en Bali.

—Correcto.

Suspiré.

—Nunca he comprado un vestido para un evento así.

Adrián me observó unos segundos más, como si estuviera recalculando algo.

Luego extendió la mano y tomó de nuevo la tarjeta.

—Olvídelo.

Parpadeé.

—¿Olvidarlo?

—Sí.

Guardó la billetera.

—La acompañaré a comprar uno.

Me quedé mirándolo completamente sorprendida.

—¿Usted?

—¿Tiene otra opción mejor? —preguntó con calma.

Abrí la boca para responder.

La cerré.

—No —admití.

Adrián asintió con tranquilidad.

—Entonces terminaremos su bebida y saldremos en una hora.

Miré mi piña colada.

Luego lo miré a él.

—Mi jefe va a llevarme de compras.

Adrián volvió a ponerse las gafas de sol.

—Considérelo parte de su trabajo.

El sentimiento en mi pecho era extraño, porque en la oficina nuestras conversaciones siempre habían sido breves y estrictamente profesionales, pero allí, bajo el sol y junto a la piscina, todo parecía casi normal. Por un momento incluso logré olvidar que apenas dos noches atrás habíamos cruzado una línea que ahora ambos fingíamos no recordar.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP