A la mañana siguiente desperté con una ligera resaca emocional… y otra bastante real. Durante unos segundos me quedé mirando el techo, intentando reconstruir en qué momento exacto de la noche había decidido beber como si estuviera participando en una competencia internacional, pero no tardé mucho en recordar el motivo.
Adrián, la noche y los recuerdos eran suficientes para arruinarme la mañana.
Solté un pequeño gemido de frustración y me cubrí la cara con la almohada, como si esconderme bajo la