(Adrián)
Las piezas ya no estaban sueltas, al menos no como al principio, porque había suficientes conexiones como para dejar de hablar de coincidencias, suficientes detalles que al unirse formaban una línea clara, peligrosa, imposible de ignorar, y aun así no era una imagen completa, porque entre todo lo que encajaba había algo que no terminaba de hacerlo del todo.
La copa, la mesera, el pago y ahora su muerte.
Me apoyé contra el escritorio, dejando que cada elemento volviera a su lugar