Salimos del hotel un par de horas después.
Todavía me parecía extraño caminar junto a Adrián fuera de cualquier contexto laboral. En la oficina siempre iba unos pasos detrás de él, tomando notas o respondiendo llamadas, pero ahora caminábamos lado a lado por una calle llena de tiendas elegantes, turistas y el aroma dulce de flores tropicales.
—¿Compra ropa seguido en Bali? —pregunté mientras miraba los escaparates.
—No —respondió con calma—. Normalmente trabajo.
—Qué sorpresa.
Él me miró de reo