(Sandra)
No debí haber ido, lo supe desde el momento en que salí del hospital y dejé a Clara atrás, tendida en esa cama demasiado blanca, conectada a máquinas que marcaban un ritmo que no lograba tranquilizarme, porque cada sonido, cada luz, cada silencio entre uno y otro me recordaba que nada estaba bajo control, que todo seguía dependiendo de algo que no podíamos ver ni manejar.
Había pasado horas a su lado, hablándole aunque no respondiera, sosteniendo su mano como si eso fuera suficiente pa