No estaba en mis planes.
Nada de esto lo estaba.
Pero ahí estaba, de pie frente a una habitación que claramente no había sido diseñada para alguien que se había casado por razones… complicadas.
La puerta se abrió y lo primero que vi fueron los pétalos, esparcidos con una perfección casi sospechosa sobre la cama y el suelo, como si alguien se hubiera tomado muy en serio la misión de recordarme que esto, supuestamente, era una luna de miel.
Perfecto.
Justo lo que necesitaba: más romance exagerado