No hubo un preámbulo claro, solo una colisión silenciosa. De repente, el aire que nos separaba se extinguió, dejando que el calor de su cuerpo dictara una nueva ley física. No era solo cercanía; era una fusión.
Sus manos, expertas y posesivas, trazaron el mapa de mi espalda con una memoria antigua, como si cada centímetro de mi piel fuera un territorio que él hubiera nacido para reclamar.
El beso dejó de ser un lenguaje para convertirse en un incendio. Fue una decisión hambrienta, un intercambi