Estaba en mi oficina tratando de concentrarme en el trabajo, pero no lograba hacerlo. En mi mente solo estaba Daniela y todo lo ocurrido en la mañana con Sonia. Estaba realmente molesto por lo que hizo y las cosas que dijo. Ahora Daniela estaba dolida y tenía todo el derecho luego de lo que Sonia le dijo. Intento contactarla, pero no me contesta, lo que me empieza a poner más nervioso. Tomo el teléfono y le marco a Camila, ella debe saber de Daniela.
—Dígame, señor Mendoza.
—Camila, ¿sabes algo