Habían pasado varias semanas desde que Daniela y yo recibimos la confirmación oficial: su embarazo avanzaba sin complicaciones. Cada consulta médica, cada latido, cada leve cambio en su cuerpo nos llenaba de esperanza, pero también de un pequeño y constante temor: Mariano seguía suelto.
Aquel desgraciado que había arrastrado a Daniela por años, que la chantajeó con fotos íntimas, que la hizo temblar de miedo más de una vez… aún andaba libre.
Yo no iba a permitir que ese hombre siguiera respirand