El desayuno en la cabaña principal había sido una coreografía de tensiones ocultas bajo manteles de lino y tazas de porcelana. Mia apenas había podido probar bocado; sentía la mirada de Julieta analizando cada uno de sus movimientos, buscando el rastro del pecado en la curva de su cuello o en la forma en que evitaba los ojos de Liam. Por su parte, Liam se comportaba con una calma antinatural, una especie de satisfacción depredadora que lo hacía parecer más peligroso que de costumbre. Cada vez q