La atmósfera en la suite principal era asfixiante. Tras la humillación silenciosa que Mia le había propinado en el baño de la planta baja, Liam caminaba por la habitación con la energía de una tormenta a punto de estallar. Se despojó de su chaqueta y su corbata con movimientos bruscos, sus ojos oscuros fijos en Mia, quien se desvestía con una calma gélida frente al gran ventanal que mostraba las luces de Manhattan.
—¿Crees que ganaste, Mia? —rugió Liam, acortando la distancia con zancadas depre