El crujido de la nieve bajo las botas de Fernando y los gritos alegres de Leo se acercaban peligrosamente. Dentro de la cabaña, el caos era silencioso. Liam se abotonaba la camisa con dedos torpes mientras Mia intentaba domar su cabello enredado y sacudirse las briznas de paja y polvo del vestido.
—¡Aquí están! —la voz de Fernando sonó llena de alivio cuando abrió la puerta de madera.
Liam dio un paso al frente, interponiéndose entre su padre y Mia, quien todavía intentaba recuperar el aliento