El trayecto al hospital fue el más largo de la vida de Liam Black. Manejó su deportivo a una velocidad temeraria, pero por primera vez, no sentía la adrenalina del poder, sino un vacío helado en el estómago. En su mente se repetía, como una cinta defectuosa, la imagen de Mia desplomándose, luchando por un aire que él mismo le había negado al ignorar sus advertencias.Cuando las puertas automáticas del hospital se abrieron, el silencio aséptico del pasillo lo golpeó. Al fondo, cerca de la sala de espera de urgencias, vio el grupo. Noel estaba sentado con la cabeza entre las manos, su traje de boda arrugado y manchado. Marcos sostenía a una Samantha que parecía una leona herida, lista para atacar.En cuanto los pasos de Liam resonaron en el mármol, Sammy se zafó del agarre de Marcos. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar, pero su furia era pura y ardiente. Caminó hacia él con una determinación letal y levantó la mano, cargándola con todo el desprecio que sentía.—¡Eres un maldito animal
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