Tres días después...
Luciana se sentó frente a su hermano en un restaurante con terraza privada. El atardecer bañaba las mesas de tonos dorados, y una brisa suave traía el aroma de flores de algún jardín cercano. Pero en su interior, Luciana no podía estar menos tranquila.
Desde que Dylan regresó esa madrugada, desalineado y con la mirada cargada de cosas que no quiso decir, su mente no había descansado. Sabía que Joaquín había tenido algo que ver. Y no pensaba dejar pasar la oportunidad de a