Horas después.
La noche caía lentamente sobre la ciudad de Los Ángeles, envolviendo los rascacielos en una mezcla de luces cálidas y penumbra. En el interior del lujoso edificio donde vivía Dylan, todo estaba en calma… hasta que el sonido del portero eléctrico interrumpió el silencio.
Dylan, sentado en el sofá con una copa de vino a medio terminar, frunció el ceño. No esperaba visitas a esa hora. Caminó hacia el panel y presionó el botón para hablar.
—¿Quién es?
—Soy yo —respondió una