Un mes había pasado desde que Avy y Marcus recibieron la noticia que les cambió la vida: estaban esperando un bebé. La emoción y el nerviosismo llenaban los días de la pareja, y cada noche, antes de dormir, Marcus acariciaba con ternura el vientre de Avy mientras ambos soñaban con el futuro que les esperaba. Sin embargo, aquel día era especial. Habían programado su primera visita al médico para el control prenatal, y Max, estaba más emocionado que nunca.
-¡No puedo esperar, mami! -exclamó Max,