Gala
Abrí los ojos haciendo un gran esfuerzo. La luz de la mañana ya se veía entre las cortinas de la cabaña. Lo primero que hice fue estirar la mano hacia el otro lado de la cama… vacío.
El corazón me dio un salto. Me incorporé de golpe, apretando las sábanas contra mi cuerpo desnudo. ¿Se había ido? ¿De verdad?
Tragué saliva, asustada, y envolviéndome mejor con las sábanas salí de la habitación.
El sonido del agua y el roce de algo contra la madera me guió hasta la cocina. Y ahí estaba Guille.