Gala
El espejo de Pedro me devolvía una imagen que no reconocía del todo.
El maquillaje impecable, el cabello peinado en un moño alto, el vestido ajustado de diseñador que apenas me cubría los muslos y un escote que gritaba “mujer sexy al ataque”.
Todo lo que mi padre hubiera aprobado para una “Castillo”, todo lo que yo detestaba.
Julieta estaba sentada en la cama, dándome ánimos con una sonrisa. Pedro, detrás de ella, me aplaudió cuando giré sobre mis tacones.
—Estás divina, amiga. Ese chico