Gala
El vidrio de la ventana me devolvía un reflejo borroso de mi cara. El hospital parecía empeñado en recordarme que yo también era un cuerpo, una mujer de carne y hueso, y no solo una madre en estado de emergencia.
Del otro lado, Vicente yacía inmóvil, demasiado pequeño para tantas máquinas. Tenía tubos, cables, cintas que sujetaban cosas que el cuerpo solo debería sostener por sí mismo.
Las luces de los monitores parpadeaban con una constancia cruel. Allí, la vida parecía reducirse a númer