Guille
Iba a ir a la casa de Gala con la misma determinación con la que se llega a reclamar a alguien que es sangre propia, aunque nadie más lo reconozca como un derecho.
No iba como un invitado. Iba como quien reclama lo que le pertenece, aunque el mundo entero diga que ya no tengo ese lugar.
Porque hay vínculos que, para mí, no se rompen como papeles. Ni con traiciones. Ni con años de distancia.
Era temprano, el cielo todavía estaba indeciso entre gris y luz, y la calle se veía demasiado quie