Gala
El timbre sonó tres veces antes de que me acercara.
Ajusté a Vicente contra mi pecho y crucé la sala en puntas de pie, con ese reflejo nuevo de proteger el silencio para que el bebé no se sobresaltara. Dormía con la boca entreabierta, tibio, confiado. A veces me preguntaba si alguna vez entendería cuánto había costado que pudiera dormir así.
Juana salió detrás de mí, arrastrando las pantuflas y apretando el muñeco de trapo contra el pecho. Estaba pálida, aunque se esforzaba por sostener