Capítulo 43: La bestia

Guille

El tiempo en prisión no se medía en días, sino en viernes.

Todos los viernes era igual: me sacaban del pabellón, pasaba por los pasillos mugrosos y me sentaban frente al vidrio. Y ahí estaba Marcela, con su ropa prolija, el pelo recogido y una sonrisa cansada que fingía para no mostrar la verdad.

Nunca fallaba.

Desde la primera vez le había rogado lo mismo:

—Busca a Juana. Por favor.

Ella asentía, pero cada viernes, la respuesta era la misma.

—Nada, Guille. No hay rastros.

Era c
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