Gala
El aire helado me cortó la cara en cuanto crucé el portón de la prisión. Caminé hasta el auto con los tacones repicando sobre el suelo como martillazos que me recordaban cada palabra que le escupí a Guille.
«Nunca te amé. Lo fingí bien.»
Seguí caminando como si nada, erguida, con la misma máscara de hielo que había usado frente a él. Ni los guardias, ni los funcionarios que merodeaban por allí iban a ver mi ruina. Tenía que parecer fuerte, intocable.
Pero cuando por fin cerré la puert