Arturo
El whisky tenía mejor sabor cuando lo acompañaba el silencio de la derrota ajena.
El mundo allá afuera era un caos, pero aquí dentro reinaba el orden. Mis normas. Mi ley.
Me acomodé en el sillón de cuero, con el vaso en la mano y una sonrisa en el rostro. No había mayor placer que ver cómo un simple movimiento de mis dedos bastaba para derrumbar vidas enteras.
La puerta se abrió y entraron. Héctor, erguido como si hubiera ganado un título, y mi hija… mi desobediente hija... tenía los oj