Capítulo 26: Miedos

Gala

Me quedé sentada en la cama, abrazándome las piernas, con la frente hundida en las rodillas.

Todavía olía a desinfectante y a la camiseta de Guille que me había prestado. Era grande, me cubría hasta medio muslo, y sin embargo no me daba la seguridad que yo esperaba.

Todo lo que había pasado en la mansión seguía ahí, martillando en mi cabeza: el golpe de Héctor, las miradas horrorizadas, la voz de mi padre, mientras bramaba mi nombre.

Las lágrimas seguían bajando sin permiso. Me las limpi
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