Guille
El rugido de la moto se mantuvo al doblar la esquina. Aceleré un poco más de lo necesario; quería llegar rápido, tenía que verla.
La victoria, el dinero, la promesa de Arturo Castillo… nada de eso importaba si no tenía a Gala a mi lado.
Frené frente al edificio y lo primero que vi fue su silueta. Ella estaba sentada en los escalones de la entrada, escondiendo el rostro entre las manos.
—¡Gala! —dejé caer la moto contra el soporte y corrí hacia ella.
Apenas me escuchó, se levantó para re