Gala
Todavía estábamos en la ducha. El agua caía, golpeando los azulejos y resbalando por nuestra piel. En ese momento, solo sé escuchaba el murmullo del agua que, poco a poco, se fue enfriando.
Me quedé apoyada en el pecho de Guille, con la respiración aún agitada, escuchando los latidos de su corazón contra mi mejilla.
Por primera vez en mucho tiempo, mi mundo estaba en silencio. No había amenazas, ni voces hirientes, ni cadenas.
Solo él y yo.
Guille me besó en la frente, suave, casi con ti