Capítulo 70
Lina llevaba muchos días sin ver a Nara. Desde que su amiga se había mudado, los encuentros entre ambas se habían vuelto escasos, casi imposibles de coordinar. Marco tampoco les facilitaba las cosas: cada vez que podían coincidir, surgía algún imprevisto o él aparecía con planes inesperados. A ojos de Lina, parecía como si deliberadamente evitara que se encontrasen, como si quisiera monopolizar el tiempo de Nara para sí mismo.
Harta de la distancia, decidió tomar la iniciativa. Aquella tarde, sin avisar y movida por la nostalgia de su amistad, se presentó en la nueva casa de Nara. No le comentó nada de sus sospechas sobre Marco; no quería crearle problemas ni sembrar en ella la idea de que él era el culpable de su lejanía. Lo único que deseaba era verla, abrazarla y recuperar un pedacito de la complicidad que tanto habían compartido.
Cuando la puerta se abrió, Nara la recibió con una sonrisa cansada. Sus gestos transmitían cariño, pero también cierto agotamiento acumulado.