Capítulo 64
La estancia en el hospital fue una tortura para Marco. Un hombre como él, acostumbrado a estar en movimiento, a tomar decisiones en medio del caos, no podía concebir la idea de permanecer quieto, limitado por paredes blancas y por las órdenes de médicos que insistían en que debía descansar. Para él, estar inmóvil era sinónimo de debilidad, y aquello lo carcomía. Sin embargo, Nara había sido tajante: salir del hospital no era una opción. Ella se lo había repetido tantas veces, con esa mezcla de dulzura y firmeza que lo desarmaba, que terminó aceptando quedarse, aunque su cuerpo y su mente se lo exigieran de otro modo.
Los días se le hicieron eternos. Cada noche, las sombras de la habitación parecían aplastarlo, y cada mañana, las visitas de los médicos con su rutina de chequeos le resultaban insoportables. Pero aquella mañana, la espera terminó. El doctor, con gesto satisfecho, le dijo que sus signos vitales estaban estables y que podía volver a casa. La libertad, al fin,