Capítulo 65
La casa de Marco no podía considerarse exactamente una mansión, pero sí era mucho más grande que todos los departamentos en los que Nara había vivido hasta ese momento. La fachada blanca se levantaba imponente, adornada con ventanales amplios que dejaban pasar la luz del sol de la tarde. Un jardín perfectamente cuidado se extendía frente a la casa, con rosales de distintos colores que trepaban por un enrejado de hierro forjado, y un sendero de piedra gris conducía directamente hasta