Capítulo 65
La casa de Marco no podía considerarse exactamente una mansión, pero sí era mucho más grande que todos los departamentos en los que Nara había vivido hasta ese momento. La fachada blanca se levantaba imponente, adornada con ventanales amplios que dejaban pasar la luz del sol de la tarde. Un jardín perfectamente cuidado se extendía frente a la casa, con rosales de distintos colores que trepaban por un enrejado de hierro forjado, y un sendero de piedra gris conducía directamente hasta la puerta principal. Una valla alta rodeaba toda la propiedad, aislándola del resto del mundo y dándole un aire de fortaleza privada.
Nara lo observaba todo con admiración y, a la vez, con cierto desconcierto. Aquella vida parecía demasiado lejana de la suya, un mundo al que nunca había pertenecido. Sin embargo, lo que más la sorprendía no era la arquitectura ni los lujos de la casa, sino la manera en que Marco sostenía a su hija en brazos mientras le mostraba con paciencia cada detalle del lug