Capítulo 102
Marco detuvo el auto frente al edificio de Lina con la misma calma helada con la que solía tomar decisiones en el consejo, aunque dentro de él bullía una rabia contenida. Nara lo miró confundida, sin comprender qué pretendía hacer en ese lugar. Apenas lo vio bajar del vehículo, lo siguió de inmediato; Andrea dormía plácidamente en el asiento trasero, ajena al torbellino de emociones que arrastraban los adultos.
—¿Qué haces? —le preguntó Nara, alcanzándolo antes de que se adentrara