Luca abrió la puerta con un gesto rápido, y la habitación se llenó de su presencia antes incluso de que cruzara el umbral. El aire cambió, denso, cargado, como si todo el oxígeno se concentrara en su figura. Tenía la mirada fija, dura, y cuando sus ojos cayeron sobre la foto que yo sostenía, su mandíbula se tensó.
No esperé a que hablara. Levanté el cartón temblorosa y lo mostré.
—¿Qué es eso? —preguntó sin rodeos, con esa voz que no dejaba espacio a evasivas.
Le mostré la foto y la nota, si