El mensaje flotaba en mi mente, una serpiente de letras enroscada alrededor de cada uno de mis pensamientos. «Sé lo que hiciste». Cuatro palabras que habían convertido el aire de mi habitación en algo espeso, irrespirable. Lo repetía en un bucle mental, una letanía de terror que ahogaba incluso el zumbido de la ciudad a través de los cristales.
¿Quién? ¿Un vecino? ¿Un sirviente de los Ponti que limpiaba? ¿Quedé en las cámaras de seguridad? ¿Alguien que pasaba por la calle en ese instante precis