El trayecto en la furgoneta fue un borrón de dolor y desconcierto. Las esposas mordían mis muñecas, y cada bache del camino enviaba una sacudida de fuego a través de mi muslo vendado. Grecia. La palabra resonaba en mi cabeza como una campana fúnebre. No era solo una distancia geográfica; era una brecha existencial. Luca estaba en otro mundo, y yo estaba atrapada en una pesadilla bajo un sol que no me pertenecía.
La furgoneta se detuvo. Las puertas se abrieron de nuevo, revelando no un paisaje i