La lluvia no se había detenido desde anoche.
Era como si el cielo se rehusara a darnos tregua, a concedernos siquiera una pausa de esa pesadez que se había instalado en la casa desde la llegada del muchacho.
Enzo.
Aunque siendo sinceros, esta pesadez no se debe exclusivamente a él. Estamos así desde lo sucedido con Luca.
Afuera, el sonido del agua golpeando los ventanales se mezclaba con el tic-tac constante del reloj de péndulo del pasillo. Dentro, la mansión parecía respirar con dificultad.