La mansión Moretti ya no era un refugio, sino un campo de guerra. Hombres entrando y saliendo con armas, llamadas constantes, órdenes gritadas, rostros tensos. Luca se había convertido en una bestia enjaulada, rugiendo en cada esquina, destrozando lo que se interponía en su camino. Su ejército estaba desplegado en la ciudad, buscando pistas, levantando contactos, interrogando a cualquiera que tuviera la más mínima relación con algunos de sus rivales.
Yo lo miraba y veía el infierno mismo refle